PRESENTACIÓN:
En ocasiones, las comunidades se enfrentan a eventos sorpresivos que irrumpen inesperadamente en la
vida de las personas y alteran las rutinas, sobrepasando a veces las capacidades personales para enfrentar
el problema. Estos cambios o alteraciones de la vida de niños y niñas pueden ocurrir en sus contextos
familiares, en los ambientes educativos y también en sus territorios, barrios y comunidades. Como se ha
observado en situaciones de catástrofes naturales, niños y niñas pueden vivenciar la separación de sus
familias o la pérdida de sus espacios físicos significativos (hogares, salas cuna, jardines infantiles, escuelas,
plazas).
Las situaciones de emergencias y desastres son experiencias que pueden afectar el bienestar integral tanto
de niños y niñas, como de los adultos que forman parte de las comunidades educativas y los diversos
territorios afectados por las mismas. Estas vivencias generan situaciones físicas y emocionales, que tienen
efectos importantes en diferentes ámbitos de la vida de las comunidades y, específicamente, de los niños y
niñas, quienes son uno de los grupos más vulnerables a los efectos de las crisis, emergencias o desastres,
los que pueden verse afectados de manera especialmente grave. Por ende, es importante identificar estos
efectos adversos y ofrecer un apoyo oportuno.
La correcta orientación y apoyo a los adultos que acompañan a niños y niñas es crucial para mitigar el
impacto psicológico y facilitar la resiliencia en momentos difíciles. Para que las personas adultas podamos
contener y apoyar a niñas y niños, es importante que también contemos con contención y apoyo. Ante una
situación difícil, es clave cuidarnos entre todas y todos.
Esta propuesta se centra en proporcionar sugerencias y recomendaciones, con el fin de orientar a los
adultos en el abordaje de situaciones de emergencias con niños y niñas. El documento que se presenta
a continuación consta de dos capítulos. El primero de ellos entrega orientaciones para la comprensión
de los contextos de emergencias y desastres, y el segundo otorga herramientas y recomendaciones
dirigidas a equipos pedagógicos y familias de niños y niñas, con el fin de que los diferentes miembros
de la comunidad educativa tengan en vista la relevancia del abordaje empático de las situaciones de
emergencias y desastres teniendo en cuenta las necesidades específicas de los niños y niñas.