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Publicada
el 04-03-2010
La
exposición a un evento tan traumático
como un terremoto produce una enorme tensión
y angustia en las personas. Síntomas
como insomnio, ansiedad, tristeza, estado
de alerta, dificultades para respirar, sensación
de dolor en el pecho, expresiones de desesperación
y problemas del comportamiento son reacciones
normales ante situaciones extremas.
Los adultos
podemos sentir frustración, sentimiento
de impotencia, tristeza y llanto, enojo e
irritabilidad, culpamos a los demás,
nos sentimos abrumados, disminuye nuestra
capacidad de trabajo, tenemos pesadillas y
recuerdos muy vívidos del evento.
Los niños,
que tienen mayor dificultad para entender
y elaborar lo sucedido, expresan su malestar
mediante llanto sin motivo, pasividad o miedos
a la separación, dolores de cabeza
o estómago, sobresalto, pesadillas,
conductas regresivas, como volver a orinarse
o hablar infantil, sentimientos de culpa y
recuerdos frecuentes del evento.
Sin embargo,
hay personas que pueden experimentar problemas
más serios o duraderos. Estos son crisis
de pánico, o miedo, ideas suicidas,
uso excesivo de alcohol y drogas, manifestaciones
de violencia contra otros o contra sí
mismos. En estos casos, es importante pedir
ayuda al personal de salud.
La mejor forma de enfrentar
situaciones de estrés personal y colectivo
es buscar compañía y hablar
de lo que sentimos para elaborar el tema y
entender lo sucedido. Es bueno comprender
y aceptar el enojo y los sentimientos de frustración,
culpa e impotencia que estas situaciones provocan
y que, a veces, transferimos a personas y
situaciones distintas del evento que los originó.
También ayuda el mantener
y fortalecer vínculos con familiares
y amigos, organizar bien el tiempo y mantenerse
ocupado, hacer cosas que nos haga sentir bien,
útil y solidario, descansar lo suficiente,
controlar la exposición excesiva a
noticias y evitar conversar todo el tiempo
sobre lo mismo, aunque proveer información
suficiente y pertinente para no generar más
miedo y rumores.
Con los niños es fundamental
promover la confianza y diálogo donde
ellos puedan expresar su vivencia, sentimientos
y preguntar sobre lo sucedido. Explique la
situación con palabras simples, claras,
sin mentirles ni inventar cosas para dejarlos
tranquilos. No haga promesas poco realistas
(como que no habrá otras réplicas,
por ejemplo), acepte y no critique lo que
los niños sienten y piensan y mantenga
las rutinas habituales. Evite también
la exposición excesiva a la TV y la
radio, o conversaciones entre adultos.
La actitud y respuesta emocional
de los padres, el personal de auxilio y cuidadores
y de los líderes de la comunidad, tienen
una gran influencia sobre la capacidad para
reponerse y recuperarse de los niños
y de las personas en general a situaciones
traumáticas.
Fuente: Ministerio
de Salud de Chile
Material adicional:
Mensajes de radio que está difundiendo
desde el 5-3-10 el Ministerio de Salud de
Chile (en formato mp3)
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Para leer en
ingles:
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