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Estado Mundial de la Infancia 2011


La adolescencia: Una época de oportunidades

Entre la multitud de temas, objetivos, metas y prioridades presentes en el temario internacional del desarrollo, pocas veces se considera a los adolescentes –que según la definición de las Naciones Unidas son las personas que tienen entre 10 y 19 años– como una prioridad. Cuando se recortan los presupuestos para el desarrollo, como ocurre ahora, el sentido común podría indicar que es mejor dedicar más recursos a los niños que están en la primera década de su vida. En los últimos años, la inversión en la salud, la nutrición, la educación básica y la protección de los niños más pequeños ha garantizado un comienzo mucho mejor en la vida para muchos. Este logro, sin embargo, está acompañado por la responsabilidad de asegurar que el apoyo a los niños continúe a medida que crecen y se desarrollan. Un cambio duradero en las vidas de los niños y los jóvenes, uno de los principales motivos que impulsan la Declaración del Milenio, sólo puede lograrse si al compromiso con la primera década de vida le sumamos el reconocimiento de la importancia de la segunda.

Invertir en los adolescentes es imprescindible por cinco razones como mínimo:

• En primer lugar, es lo más correcto desde el punto de vista de los principios en virtud de la Convención sobre los Derechos del Niño, que se aplica a todos los adolescentes menores de 18 años, y la Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer, que se aplica a todas las adolescentes. Si queremos cumplir nuestros compromisos con los niños y jóvenes de conformidad con estos instrumentos y ultimar seriamente nuestro empeño de alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio para el año 2015, tenemos que lograr que el bienestar y los derechos de los adolescentes formen una parte integral del temario.

• En segundo lugar, es la forma más eficaz de consolidar los logros históricos alcanzados desde 1990 en favor de los niños y niñas en los primeros (0-4 años) y los segun segundos (5-9 años) años de la infancia, en particular el 33% de reducción en la tasa de mortalidad mundial de niños menores de 5 años, la casi eliminación en varias regiones de las brechas de género en la matriculación en la escuela primaria y las grandes mejoras en el acceso a la enseñanza primaria, el agua potable, vacunas sistemáticas y fármacos esenciales como los medicamentos antirretrovirales

• En tercer lugar, invertir en los adolescentes puede acelerar la lucha contra la pobreza, las disparidades socioeconómicas y la discriminación por razones de género. La falta de equidad se manifiesta a menudo de forma descarnada durante la adolescencia: los niños y niñas que son pobres o están marginados tienen menos posibilidades de hacer la transición hacia la educación secundaria y más probabilidades de sufrir abusos contra su protección como el matrimonio infantil, las relaciones sexuales tempranas, la violencia doméstica y el trabajo, sobre todo si son niñas. Denegar a los adolescentes su derecho a una educación de calidad, a la salud, la protección la pobreza y la exclusión que les priva de la oportunidad
de desarrollar plenamente sus capacidades.

• En cuarto lugar, mejorará nuestros esfuerzos para hacer frente a los grandes desafíos de nuestro tiempo: el cambio climático, la crisis económica, la urbanización explosiva y la migración, el VIH y el sida, y las crisis humanitarias que cada vez tienen mayor frecuencia y gravedad. Con el fin de hacer frente eficazmente a las consecuencias intergeneracionales de estos desafíos, es preciso tratar a los adolescentes como aliados en pie de igualdad y dotarles de las actitudes, las capacidades y los conocimientos adecuados.

• Por último, aunque a menudo se define a los adolescentes como la “próxima generación” de adultos, no debemos olvidar que también forman parte de la actual generación de ciudadanos del mundo, y que viven, trabajan, y contribuyen a los hogares, las comunidades, las sociedades y las economías. Del mismo modo que los niños pequeños, los adolescentes merecen reconocimiento, protección y cuidado, productos básicos y servicios esenciales, y oportunidades y apoyo. De hecho, en algunos contextos –en particular con respecto a riesgos para la protección como el matrimonio infantil, la explotación sexual comercial y el conflicto con la ley– puede que los adolescentes sean, entre los niños de todas las edades, quienes tengan las mayores necesidades. Sin embargo, en estas importantes esferas, la inversión y la asistencia es mínima, debido a veces a las sensibilidades políticas, culturales y sociales. Dado el fuerte vínculo entre la protección, la educación y la supervivencia infantil, es evidente que la inversión en los adolescentes, especialmente las niñas, tiene el poder de reducir el número de muertes infantiles, de mejorar la nutrición y de abordar verdaderamente la violencia, el abuso y la explotación de los niños y las mujeres.

Por estas razones, y en apoyo del segundo Año Internacional de la Juventud, que se inició en agosto de 2010, UNICEF ha dedicado la edición de 2011 de su publicación insignia, el informe Estado Mundial de la Infancia, a los adolescentes y la adolescencia. El informe examina los desafíos a los que se enfrentan las niñas y los niños al entrar en la segunda década de la vida, destacando no sólo los riesgos y las vulnerabilidades de ese momento crucial, sino también las oportunidades singulares que puede ofrecer, tanto para los propios adolescentes como para las sociedades en las que viven. Las pruebas empíricas acumuladas demuestran que invertir en los adolescentes es nuestra mejor esperanza de romper el ciclo intergeneracional de la pobreza y la falta de equidad, que debilita a las comunidades y a los países, y pone en peligro el desarrollo y los derechos de innumerables niños. Si tomamos medidas ahora, tendremos la oportunidad de impulsar una generación con la facultad de ejercer sus derechos, y sentaremos las bases de un mundo más pacífico, tolerante y equitativo, en el que cada generación sucesiva de niños y niñas pueda prosperar.

Para ver el resumen completo del informe de UNICEF; haga click aquí



 

 
 

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